Nohemi recuperó la consciencia y le llevó un par de minutos comprender que no estaba en un cuarto de hospital. Su cabeza aún estaba adormecida, el mundo danzaba a su alrededor y su estómago se revolvía cada vez que abría los ojos.
Trató de pensar en qué sedante había inyectado la enfermera, esperando poder calcular cuánto tiempo tardarían en desaparecer los efectos secundarios. Tenía un vago recuerdo sobre lo sucedido y las razones por las que estuvo en el hospital, lo que no comprendía era por