―Eso… eso no es así… no es por eso… ―se defendió débilmente. Zeke sintió cómo su corazón se partía por la tristeza, era un infierno experimentar sus propias emociones y las de ella al mismo tiempo.
Nohemi no estaba mejor, el apretón helado en torno a sus pulmones hizo que se llevara la mano al pecho, fue tan intenso que la dejó sin aliento por unos segundos.
―Zeke, tú no puedes decirme que me amas de verdad, si el vínculo no existiera, entonces no habrías volteado a mirarme siquiera ―sentenció