Nohemi no estaba segura de qué sentía con exactitud y eso era la mayor parte de su malestar, tras los acontecimientos de esa noche, no pudo contenerlo más y explotó.
Las lágrimas corrieron como un manantial, tuvo que taparse la boca para que no se escucharan sus quejidos. Dejó de importarle el maquillaje, o el lugar; de hecho, llegó hasta el punto que perdió el interés de mantener su dignidad, le daba igual si alguien aparecía en ese instante y la veía llorar.
Ella supo que Zeke estaba cerca, f