Kun observó a la pelirroja mirando el mismo punto en el mar desde hacía una hora. Delante de sus ojos no había nada más que el mar azul que se mecía despacio.
―Ya la he atrapado varias veces mirando el mismo punto ―le dijo a Zeke, ambos estaban sentados a una mesa en la cubierta principal. Aún faltaban un par de horas para la caída de la noche.
―Desde anoche está así ―comentó el aludido frunciendo el ceño―. Ayer, en un par de ocasiones, la vi haciendo lo mismo.
―¿De verdad crees que encontremos