Me encuentro parada en el balcón de mi habitación, mirando a la nada, perdida en mis pensamientos. La brisa suave me acaricia el rostro, pero no logra distraerme de mis preocupaciones. De repente, escucho la voz de mi padre detrás de mí.
—Buenos días, Xylara —dice, su voz cálida y familiar.
Me doy la vuelta y sonrío débilmente.
—Buenos días, padre —respondo.
Mi padre se acerca a mí y se detiene a mi lado, mirando hacia el horizonte.
—Necesitamos hablar —dice, su voz seria.
Me siento un poco inc