Recuerdo aquellos días en la cueva con Ocaso como si fueran ayer. Estábamos alejados de todo, solo nosotros dos, y era como si el tiempo se hubiera detenido. La forma en que ella se movía, con una gracia y una elegancia que me dejaban sin aliento, era algo que me fascinaba.
Mientras la miraba, sus ojos brillaban con una pasión y una intensidad que me hacían sentir vivo. Y cuando se entregó a mí, fue con un abandono y una pasión que me dejaron sin palabras. Fue como si se hubiera dejado llevar p