Me quedo sentado en mi silla, con la mirada fija en la pared frente a mí. La discusión que tuve con Ocaso sigue resonando en mi mente, y no puedo evitar sentirme enojado y frustrado.
Me levanto de la silla y comienzo a caminar de un lado a otro de la habitación, tratando de desahogar mi ira. No entiendo por qué Ocaso no puede entenderme, por qué no puede ver que solo estoy tratando de protegerla.
La imagen de Ocaso se me aparece en mi mente, y me siento un poco culpable por haberla decepcionado