El partido había acabado, resulta que los Yankees habían perdido, de verdad fue fatídico, muchas habían salido con la cabeza gacha y llenos de tristeza, mientras yo caminaba con mi bate firmado por los jugadores para “el niño” de Senga, el cual no hacía más que mover de un lado a otro, mientras que a Eliot las mujeres a nuestro alrededor, no hacían más que perseguirlo con la mirada, ya que este tenía la gorra con la visera hacia atrás y lo hacía verse demasiado sexi mientras seguía caminando a