—Si prestas mucha atención, ellas comen todo, solo tienes que ofrecerle comida y listo, ya está, nada de problemas, la verdad es que no veo el lío, pero porque ese maldito aparto, no me hace caso, ¿Por qué no hace lo que le ordeno cuando se lo ordeno?—observo a Senga con una pequeña sonrisa en mis labios, mientras ella parece de verdad muy irritada últimamente, ya que su teléfono, aquel que no ha sabido como anejar, la tiene en un punto en el que por poco pierde la cabeza, un poco más de lo que