Dulces labios

La campanilla de mi reloj despertador me hace saltar del susto, le doy un manotazo al aparato y lo lanzo al suelo. Cierro mis ojos he intento volver a dormirme por otros cinco minutos, me doy la vuelta y me encuentro cara a cara con un David totalmente rendido, vulnerable y tierno.

Por primera vez lo veo durmiendo, se ve tan tranquilo e inocente, cualquiera diría que es un santo que no sería capaz de romper un plato, pero estoy segura de que acabó con la vajilla completa.

—Buenos días— Susurra
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