AURORA
Cinco días han pasado desde el juicio en el monasterio. Cinco días en los que el zafiro azul no ha dejado de pesar en mi dedo y en los que mi cuerpo se ha convertido en un campo de batalla silencioso. La tregua que me dio la sangre de Sebasten en el jugo se evaporó ayer por la tarde; la debilidad regresó con una fuerza demoledora, una fatiga que me cala hasta los huesos y me nubla la vista cada vez que intento ponerme de pie.
Por eso estamos aquí.
El consultorio del doctor Bellingham no