El Valle de la Ceniza temblaba ya no por actividad volcánica, sino por el choque de dos entidades que habían sobrepasado los límites de la humanidad. Silas estaba de pie con su cabello blanco ondeando salvajemente; la mitad de su rostro ahora parecía cristal transparente que reflejaba el horror del infierno. En la palma de su mano derecha, sostenía la hoja negra de la Espada del Borrado de la Existencia de Sir Valerius. El sonido del roce entre su mano endurecida y el arma mortal resonaba como