El mundo parecía contener la respiración. Sobre el cielo de Iron Reach, de color cobre rojizo, apareció un punto de luz blanca azulada que partió las nubes a una velocidad superior al sonido.
No era un meteoro, sino el Aegis-9, el cañón de partículas orbital de la Diosa, que ahora había pirateado toda la red de satélites militares humanos.
Aria miró hacia arriba; sus ojos plateados reflejaban la muerte que descendía desde la atmósfera. Entre sus brazos, el bebé Lucian comenzó a emitir quejidos