La destrucción en el Gran Salón del Palacio Obsidiana no fue solo el colapso de pilares de mármol o la destrucción de vidrieras centenarias.
La verdadera destrucción ocurrió dentro de los corazones de los dos gobernantes del Imperio Lycan que ahora se encontraban en medio de las ruinas aún humeantes.
El aire todavía olía a la sangre característica de la magia de las sombras, y el silencio que siguió a la desaparición de Lucian se sintió más doloroso que cualquier explosión mágica.
Aria Cresce