El suelo de piedra de la sala secreta subterránea del Palacio Obsidiano solía albergar solo polvo y silencio.
Pero esa noche, la habitación estaba iluminada por decenas de velas de grasa de ballena que emitían un aroma de sándalo ancestral. En el centro, se había dibujado un intrincado círculo mágico con plata fundida.
Aria se sentaba en el centro del círculo, con el hombro descubierto mostrando la herida en forma de rosa negra que parecía cobrar vida. Las raíces negras de la maldición latían