El aroma de pino quemado del ejército perseguidor de Silas aún se sentía en la distancia, pero mi enfoque ahora se centraba por completo en el acantilado rocoso que se alzaba frente a nosotros.
La Cascada Llorona rugía con fuerza, sus aguas caían en una poza profunda rodeada de musgo negro y niebla eterna.
Aquí es donde, según la mujer mayor del pueblo muerto, mi madre había escondido la verdad.
"¿Cómo entramos?" preguntó Alaric, su mano permaneció alerta en la empuñadura de su espada. "Solo