64. LOS VERDADEROS ENEMIGOS
EL DOCTOR GAEL:
Nadie se había acordado de mí, oculto en mi clínica. No podía creer que me hubiera dejado convencer por Sarah. Ella era mi pareja destinada, pero no me había dejado declararlo, y tampoco me rechazaba abiertamente. La amaba en silencio, como un cobarde.
¿Cómo pude traicionar a mi primo de esa manera? Durante años lo persuadí para que me entregara sus muestras de esperma con la excusa de analizarlas, pero la verdad era otra, mucho más oscura. Sarah, obsesionada con tener un hijo