25. CONTINUACIÓN
La forma en que mi jefe me sacó de la cocina fue casi violenta. Sus dedos se clavaban en mi brazo con tanta fuerza que tuve que morderme el labio para no quejarme. El aire a nuestro alrededor se sentía pesado, cargado de una tensión que me dificultaba respirar.
—Señor Kieran... —susurré, intentando mantener su paso acelerado—. Me está lastimando.
Se detuvo en seco, soltándome como si mi piel le quemara. Su mirada, normalmente gris, ahora brillaba con el intenso dorado de su lobo, y un gruñ