—No puedo hacerlo.
Nuria dejó de acomodarle el velo. León que acababa de entrar a la habitación, se quedó inmóvil junto a la puerta. Victoria miraba su propio reflejo con las manos heladas sobre el vestido.
—¿Qué dijiste? —preguntó su madre.
—Que no puedo hacerlo.
El silencio se volvió pesado. Abajo