Victoria lo miró sorprendida, parpadeando un par de veces.
—¿De qué hablas? Darío, no puedes dejar todo tirado aquí. Acabas de abrir las oficinas en Londres hace apenas unas semanas. Tienes juntas, clientes nuevos, contratos que revisar. No puedes regresarte a Andraka nada más porque yo me voy.
—Cla