Darío no retrocedió ni un milímetro ante el impacto, lo miró directamente a los ojos y esbozó una sonrisa torcida y rota, era la sonrisa de un hombre que deseaba firmar su propia sentencia de muerte.
—Ustedes me estorban —respondió Darío con voz grave y cargada de arrogancia, mirando a los demás hom