Darío se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el escritorio, listo para responder con firmeza, pero el sonido del intercomunicador lo interrumpió de golpe.
Apretó el botón con fastidio.
—¿Qué pasa, Roberto? Te dije claramente que no quería interrupciones en toda la mañana.
—Lo siento muc