Si decía que no se sentía bien, Isabella probablemente aparecería en su apartamento diez minutos después con Tessa, armada con bocadillos, té de hierbas y la firme intención de cuidarla hasta que se recuperara.
Y si eso sucedía… Olivia se estremeció al pensarlo. Sin duda la descubrirían. Porque en cuanto Isabella cruzara la puerta, le bastaría con mirarla a la cara para saber que algo andaba mal. Isabella tenía una habilidad casi sobrenatural para leer a la gente, especialmente a sus amigas.
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