Olivia se inclinó sobre su escritorio, escuchando.
—Podríamos abrir otra botella de vino —continuó—. Quizás fumar un poco y ver alguna tele horrible. Luego añadió, con total naturalidad:
—Y después podría hacerte el amor apasionadamente por haber estado guapa toda la noche.
Olivia casi se atragantó. Dios. De verdad que tenía que dejar de decir esas cosas. Tenía que dejar de ser tan… perfecto. Estaba intentando mantenerse distante, por Dios.
Una palabra en particular de su frase se le quedó grab