Olivia aparcó, apagó el motor y se quedó allí un momento. Respiró hondo. Sus tacones resonaron suavemente contra el pavimento al salir del coche. El aire nocturno era más fresco ahora, rozando sus piernas desnudas mientras se dirigía a la entrada del edificio.
El tenue resplandor de las luces del vestíbulo se extendía sobre la acera. Su pulso se aceleraba con cada paso. Entró en el ascensor, pulsó el botón de su piso y observó cómo se cerraban las puertas. Su reflejo la miraba fijamente en las