Puñetazo tras puñetazo, sangre saliendo de las comisuras de los labios de los dos hombres, más sangre aquí y allá y de repente, los hombres que habían venido con el casero estaban tirados en el suelo sin fuerzas, temerosos de morir a puñetazos si se levantaban. Daniel estaba manejando muy bien la situación que hacía temer a los hombres aunque les hubieran dado puñetazos por todo el cuerpo, seguramente no había parte en sus cuerpos que se hubiera salvado de las grandes manos y la furia de Daniel