La mansión estaba en silencio cuando Rocco cerró el portátil y guardó el USB en el cajón de su escritorio. Pero yo sabía que el silencio no era paz. Era la calma tensa que precede a una tormenta. La lista de nombres encriptados seguía brillando en mi memoria: "Aethelred Holdings", "J. Beltrán". Habíamos encontrado la conexión, ahora teníamos que decidir qué hacer con ella.
—Rocco —dije, rompiendo el silencio—. Tenemos que hablar de Julián.
Él se giró lentamente hacia mí, sus ojos grises estaban