En el jardín casi todo está listo. Los invitados han comenzado a llegar y tomar sus lugares, susurrando con emoción mientras los músicos afinan los instrumentos y los meseros pasan con bandejas de champagne. La tarde ha comenzado a teñirse con los tonos dorados del atardecer, cubriendo todo con una luz cálida y suave.
Grigori, de pie a un lado, pasa su mano por el bolsillo interior de su chaqueta, asegurándose de que la pequeña caja con los anillos siga ahí. No es que desconfíe de sí mismo, pe