Dentro de la estancia, la luz de la lámpara proyecta sus sombras contra las paredes de la sacristía.
Mientras Artem sostiene un vaso con agua entre sus manos, sus dedos tiemblan ligeramente, pero intenta mantener la compostura y no dejarse arrastrar totalmente por el miedo mientras escucha la voz de Lena al otro lado de la habitación.
Ella habla con su tono habitual, frío y calculador, carente de toda intención de siquiera escuchar o permitir que se le cuestione, pero dejando eso de lado, sol