Inna ayuda a Layeska a bajar del Jeep con cuidado, asegurándose de que la pequeña no tropiece al pisar el empedrado. La pequeña sonríe con emoción al ver el bullicio del mercado, su entusiasmo volviéndose casi contagioso. Acomodando un mechón del rebelde cabello de la pequeña, Inna cierra la puerta del auto, activa la alarma con un clic y extiende su mano para que Layeska la tome.
—No te sueltes, ¿de acuerdo? —le dice con una sonrisa mientras toma su mano de forma dulce.
Juntas, caminan hacia