Kyong se había ido de allí riendo, Debido a la felicidad que sentía. Sin embargo, tenía un dolor insoportable en la entrepierna, y el pulso acelerado de puro deseo. Reconoció que de haber tenido ella sus dieciocho, se la hubiera llevado en ese mismo momento y, en el mismo auto, la habría hecho suya. La estaba deseando, cada día más. No sólo se trataba de sus planes de venganza, sino de su propia satisfacción personal. La había tratado de manera más profunda, y no conseguía aburrirse con ella, o