Con paciencia el gran día llegó, en cada casa del pueblo las jovencitas de alta sociedad ya esperaban ansiosas las hora para empezar a arreglarse, no importaba si debían llevar los corsé más apretados que de costumbre, porque hoy las solteronas debían conseguir a su galán y futuro esposo. Claramente sin mostrarse urgidas las que ya estaban pasando de las edad en la que ya deberían de estar inclusos con hijos, con calma atraerían la atención de los caballeros y saldrían con una victoria de ese b