Ya no podía más.
La cabeza me daba vueltas, el sudor cubría mi espalda, sentía la garganta rasposa de tanto gritar. Estaba cansada, pero tan extasiada. Podría morir feliz y torturada al mismo tiempo. Ni sabía que eso era posible.
Mi coño se contraía, ansioso, los estragos del orgasmo afectándome. Estaba al borde un colapso.
El pequeño botón hinchado dolía y me producía placer al mismo tiempo. Se encontraba demasiado sensible.
Tres orgasmos.
Su lengua era implacable y él parecía no hart