Sentía que estaba a punto de vender mi alma. Prácticamente, me había librado del otro contrato con mucha dificultad y estaba a punto de caer en una nueva trampa.
De pronto, sus brazos me rodearon, levantándome de la silla con esa facilidad que me desarmaba. El olor a bergamota golpeó mis fosas nasales. Inhalé profundamente, disfrutando de ese aroma prohibido para mí.
—Maximilian —susurré, con la voz temblorosa—. ¿Qué crees qué haces?
No me respondió. Caminó conmigo entre sus brazos, intro