CAPÍTULO 43: EL MAÑANA DE VARGHEIM
LEYLA
El aire de Vargheim ha cambiado de una forma que mis pulmones aún intentan procesar. Ya no huele solo a nieve perpetua, a hierro oxidado y a la tensión eléctrica del ozono; ahora exhala algo que la Fortaleza de Colmillos no ha conocido en siglos: un silencio que no es el preludio de un ataque, sino el reposo de los valientes. Esperanza; supongo que así llaman a este peso ligero en el pecho.
Los estandartes de Arandhia, esos trapos que alguna vez repre