CAPÍTULO 42: LA PRINCESA QUE AETHELGARD NO ESPERA.
LEYLA
—¿De qué hablas, mi Luna? No me gusta verte tan abatida. A veces quisiera arrepentirme de haberte tomado de aquella caravana, pero la verdad es que no lo hago; si aun así debo recordarte que tú estabas destinada a ir a ese reino... Por una parte creo que puedo entender lo que esos crueles sienten; yo también hubiera luchado hasta el final por recuperar el tributo que me corresponde legítimamente este año.
—No quiero ni aceptaré jamás que