Me atraganto con mi propia saliva porque me siento contra la espada y la pared.
—No se de que estas hablando Greco—le hablo despacio.
—Hablemos claro Nina, porque luces inocente, tímida y vulnerable, pero se muy bien que no eres le haces creer al todo.
—Estas equivocado Greco—intento explicarle, pero su mirada me cohíbe demasiado.
—Podrás engañar a todos, menos a mí—dice y sus palabras me lastiman—no me creo tu carita de niña buena.
—Entonces para que quieraes casarte conmigo—le digo cansa