NINA
—No puedo hacerlo—me dice a punto de penetrarme y dejarme con las ganas de sentirlo.
—¿Qué porque si yo quiero? —le digo tomándolo de la cara en un intento desesperado—¿no me deseas?
—Por la madre luna Nina, mira como me tienes—levanto la cabeza viendo lo que sostiene—te deseo demasiado, pero se que eres virgen y deseas hacerlo cuando estemos casados.
—No, no te preocupes por eso, quiero hacerlo así, contigo.
Vuelvo a besarlo para convencerlo, en verdad quiero estar con él, porque lo