—Nina—es el señor Gaston—como te sientes.
—Bien—le pongo mi mejor cara—este jardín es hermoso.
—Es mío—me sorprende—era de mi madre, quien me lo heredo y lo he cuidado desde entonces.
—Muy buen trabajo señor Gastón.
—Como el magnifico trabajo que harás tu cuando te cases con mi hijo—bajo la cabeza mirando al piso, porque no sabe de lo que habla—se que es difícil para ti, pero el destino de ambas manadas esta en tus manos.
—Nuestras vidas seran un infierno, porque a Greco no le agrado por s