Relajado revisando el computador Jordano silbaba alegre, pero las alegrías en la finca no suelen durar mucho, una llamada le cambió el semblante, un número desconocido pero una voz cortante y directa que no le dejó ni pensar
—¿Se puede saber qué carajos hiciste Jordano?
Jordano hizo un esfuerzo por recordar dónde había escuchado esa voz.
—Buenos días¿Con quién hablo?
Preguntó sin obtener una respuesta directa, desesperado Jordano alargó la conversación para identificar a la persona del otro lado de la línea, pero no logró identificarla.
—No sé quién es, disculpe mi torpeza. —Se disculpó Jordano sintiendo el frío invadiendo su espalda.
El alto tono de voz con la necesidad urgente de ser identificada sonó dejando a Jordano abatido.
—Soy la madre de Saúl. ¿Entiendes ahora? Sabes que es un milagro que sigas vivo.
Jordano hizo una mueca, una delgada capa de sudor se empezó a deslizar por su frente y espalda.
—No he hecho nada señora Graciela. —avanzó a contestar.
Con las manos tensa