En el parqueadero, Esteban se dirigía a su auto para irse. Saúl se acercó a él, lo tomó del hombro e hizo que girara para estamparle el puño en la cara.
—¡Cabr#n, hijo de pu74, perro traicionero! ¿Te atreviste a atacarme por la espalda? —dijo antes de devolver el golpe.
Saúl sacudió la mano y volvió a empuñar sus dedos antes que pueda volver a golpear a Esteban recibió otro golpe
—Tocaste lo que es mío —respondió, agarrándose del barandal para no caer.
Esteban le agarró la camisa con la intención de golpearle de nuevo.
—Si hablas por esa zorra de Sandra, puedes estar tranquilo. No me interesan tus sobras, —Saúl devolvió el golpe si conseguir soltarse del agarre —si ella quiere jugar en mi regazo, no soy quién para impedirle divertirse.
Saúl con el rostro hinchado entendió que la única manera de ganarle era darle donde más le dolía.
—Sandra es mi gatita y Soledad mi esposa, ninguna de ellas está a tu disposición, no están disponibles, son mías, lo que es mío no se toca.
Esteban se acom