Conforme se internaban en la carretera y se alejaban de la ciudad, Soledad le contó todo lo que vio, cómo se sintió, finalmente, cómo escapó, y las mentiras que le dijo al policía para que terminara el interrogatorio. Selena, por su parte, escuchaba sin hacer mayores comentarios.
El asfalto oscuro, cual río sin fin, tragaba las luces a medida que avanzaban. La incertidumbre crecía. Soledad sabía que el futuro, cada vez más oscuro, vendría a ella para cobrarle con creces hasta el mínimo rasguñ