El cielo sobre la región fronteriza del norte se había vuelto de un negro absoluto, como si el universo se preparara para desatar su furia.
El viento aullaba con fuerza entre las tablas de madera de la Clínica San Pedro, haciendo que las luces de neón colgadas del techo se balancearan y chirriaran.
Valentina, ahora conocida solo como Elena, estaba guardando el instrumental médico tras una larga operación.
De repente, un dolor agudo y ardiente se extendió desde su zona lumbar hasta su útero. S