Esa mañana, el sol de Medellín apareció tímidamente detrás de la bruma, como si no quisiera presenciar la tormenta que iba a estallar dentro de la Mansión Valderrama.
Valentina se encontraba de pie frente al espejo, vistiendo un vestido de seda color plata grisáceo, ceñido y cubierto.
Se pintó los labios con un lápiz labial rojo pálido, mirando su reflejo sereno sereno como la superficie del mar antes de un tsunami.
"Todo está listo, Señora", susurró la Enfermera Elena, enfermera senior que a