El sonido del agua fluyendo de los grifos automáticos en la sala de esterilización contrastaba fuertemente con los latidos acelerados del corazón de Valentina.
Se frotaba las manos con la solución antiséptica hasta enrojecer la piel, un ritual que normalmente calmaba su espíritu de cirujana, pero hoy se sentía como la preparación previa a una ejecución.
Fuera del quirófano, las pantallas de seguridad mostraban un movimiento inquietante. La furgoneta negra se había detenido justo frente a la pu