La primera mañana después de la expulsión de Elena Valderrama se sintió muy extraña en la mansión de El Poblado.
El silencio que solía ser sofocante se había convertido ahora en una quietud más ligera, como si un peso pesado acabara de ser retirado del techo de esa casa lujosa.
Valentina se despertó no por el despertador, sino por la luz del sol que entraba por su gran ventana, iluminando el informe médico más reciente de Miguel que yacía sobre su mesita de noche.
Las buenas noticias llegaron