El silencio que envolvía el despacho de la casa segura en Galicia se sentía tan pesado, como si el oxígeno hubiera sido absorbido por completo tras el dramático momento en que presenciaron la detención de Ricardo.
Valentina seguía inmóvil frente a su ordenador, con la mirada clavada en la pantalla negra que acababa de mostrar la caída de aquel hombre que alguna vez se sintió dueño del mundo.
Sebastián respiró hondo, una inspiración que sonó como si se hubiera quitado de encima una carga de ton