Tres semanas después, el proyecto estaba de vuelta en marcha. La solución de Isabella había funcionado perfectamente, ahorrándole a Empresas Santoro millones y manteniendo el cronograma intacto. El equipo de construcción la trataba con un respeto renovado, y Carlos, el ingeniero estructural, había admitido a regañadientes que su solución era "bastante ingeniosa."
Pero más importante que el éxito profesional era lo que había florecido entre Isabella y Dante. Ya no se escondían. El personal de Em