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Cuando los niños comparten pesadillas, no es coincidencia—es advertencia.

La llamada llegó a las tres y cuarenta de la madrugada, hora de Ginebra. Camila la escuchó antes de que sonara.

No era intuición. Era el vínculo.

Gabriel Ricardo se agitó en la incubadora modificada que ocupaba el rincón de su habitación, y Camila sintió el movimiento como si fuera propio —una contracción de incomodida

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