UNA VERDAD QUE DUELE
[JULIAN]
El silencio dentro de la oficina no es incómodo, pero tampoco es neutral; se instala entre nosotros con un peso que no deja espacio para evasivas, como si ambos entendiéramos que lo que viene no puede decirse a medias. Elara permanece de pie frente a mí, con esa postura firme que siempre usa para sostenerse, pero esta vez no es control lo que veo, es contención, una forma de mantenerse entera cuando algo ya empezó a romperse por dentro.
No aparto la mirada.
—Ahora